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Conocedores son ustedes que frente a una fémina mis principios o mis preferencias resultan tan endebles como papel de fumar mojado. Si una mujer promete un beso y asegura que el astro Sol gira alrededor de la tierra, entonces Copérnico habrá dejado de existir y el centro del sistema solar será la tierra, rebautizado todo como "sistema terrestre".
Por un beso. No me digan ahora que nadie ha hecho lo mismo por sexo amor. Un hombre carece de principios frente a un escote, cualquier hombre heterosexual.
Si es un hombre homosexual entonces carece de principios frente un poblado bigote.
Ustedes han podido leer muchas de mis aventuras donde he renunciado a casi todo para conseguir lo imprescindible para ser feliz: el fornicio. Esta nueva aventura no podía ser menos. Aunque no hablo de bigotes...
Lo mejor de un regalo es... que te hayan dado ticket para cambiarlo por otra cosa.
Imagen: Nuestra redacción |
La conocí en un bar junto a unos multicines. Era una hermosa mujer de treintaipocos, con gafas de intelectual, pelo rubio recogido en un moño y cuerpo que invitaba a cualquier locura que incluyese fingir que he leído a Kafka.
Yo había ido a ver la ultima película comercial de turno en 3D llena de alienígenas y macizas en biquini mientras ella había acudido a una especie de festival de cine asiático de esos llenos de modernos con gafas de pasta y mujeres sin depilar.
Me senté a su lado en la barra del bar y fingí que estaba yo también interesado en tal ejercicio de aburrimiento colectivo con subtítulos.
Como no estaba dispuesto a perderme yo la película en 3D, quedamos para el día siguiente para ver juntos una de las películas del festival ese del que yo había quedado falsamente maravillado.
Recuerden ahora que toda mentira que se precie debe sustentarse en férreos cimientos así que al día siguiente me conecté a Internet donde busque información acerca del director de la película que debíamos ver, un anciano polaco de nombre impronunciable.
Memoricé algunos títulos de sus anteriores películas y aproveché para cambiarme la ropa interior y lavarme los dientes a pesar de que ser fin de año.
Así pues, competente para el amor, me encontré con la mujer en la cola del cine donde proyectaban lo que iba a ser el nacimiento de 90 minutos de tocamientos y quien sabe que mas. Una cola formada por tipos sin afeitar, gafas de culo de vaso, mochilas tejanas y mujeres con faldas de flores por los tobillos.
Aquello parecía la cola de la cafetería de una casa okupa pero eso no podía ser un inconveniente, iba a entrar a una habitación oscura del brazo de una dama. Mi felicidad era casi plena.
Tomamos asiento y al poco rato comenzó el espectáculo. La película apenas tenía dialogo e iba sobre un pobre talibán afgano al que pillan los americanos en el desierto, se les escapa en la nieve y pasa media película perseguido por otros americanos y comiendo hormigas. ¿Mi crítica sobre la película? Mala de solemnidad: no habían mujeres desnudas en ella.
Durante toda la película intenté que mi mano se deslizase hábilmente por algún resquicio que existiese entre su cuerpo y la butaca pero a cada intento de incursión no autorizado ella parecía revolverse en su asiento aplastándome la mano o apartándome de golpe.
Aquella mujer era una auténtica maestra en el arte de la evasión o del contraataque. Después de haberme torcido tres dedos, la muñeca, perder dos uñas y dislocarme el hombro, me di cuenta de que aquel lugar no era el más indicado para establecer terrenal contacto con el ente en cuestión.
A la salida nos dirigimos a un café cercano donde hablamos sobre la película. Yo intenté hacerla entender que “Rambo III” era mejor película sobre el Afganistán y sobre supervivencia pero ella se empeñaba en negar con la cabeza mientras me hablaba sobre no se qué metáforas que supuestamente yo debía haber reconocido en lo que acabábamos de ver. ¿Metáforas? Si ni tan siquiera se lo que significa eso...
Como pueden ustedes imaginar, aquella vez fue la última que vi a aquella mujer. No porque ella no quisiese sino porque mi cupo de imbecilidades tiene una capacidad realmente limitada.
Soy perfectamente capaz de soportar cientos de humillaciones por conseguir frotamientos con mujer pero tragarse todo el festival de cine con películas como aquella (es lo que ella pretendía) superaba lo que cualquier tipo como yo puede soportar.
Cuenta la historia que un conocido actor de cine comercial (de esos que disparan en camiseta de tirantes y se cosen las heridas con los dientes) contrajo matrimonio a edad ya avanzada con una joven modelo. Cuando el actor cayó enfermo, su mujer contestó así a un amigo que se interesaba por su salud: “está mucho mejor pero se encuentra aun bajo los efectos de una fuerte seducción”.
Por desgracia no fue lo que me sucedió a mí con la moderna del cine de autor. |