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Malas lenguas van diciendo por ahí que Internet sirve para otras cosas además de sexo. Mentira. Y no argumenten que este blog es una muestra de que otras ideas alejadas del sexo son posibles.
En este espacio hablo de mi inexistente vida sexual. Así pues, habiendo sentado las bases de que absolutamente todo en Internet es sexo (de una manera u otra), ahora puedo confesar que en una de mis travesías navegando por la red en busca de imágenes que me estimulasen, me topé con una foto imposible de olvidar. Una imborrable imagen en blanco y negro de una espalda femenina cuyo increíble trasero se mostraba parcialmente cubierto por unas bragas negras y vislumbrado un sujetador también negro.
La imagen se perdía por debajo de los mulsos y por encima de los hombros. Una mujer anónima con el culo mas fascinante que había visto yo en mi vida. Unos cachetes dispuestos por Dios nuestro señor para ser mordidos, perfectos en tamaño y forma de curvas generosamente proporcionada.
Imagen: Nuestra redacción |
Las bragas un poco mas subidas de lo normal dejando al aire la parte inferior de aquel templo de la incontestable belleza. Imposible un remate para aquella espalda mas soberanamente perfecto.
Imposible ver aquellos dos cachetes y no sentir el hambre propia del que espera su última cena. minutos antes de caminar hacia el cadalso. Por unas nalgas como aquellas merecía ser condenado a muerte. quien las obviase. Si todos somos hijos de Dios entonces Dios era el Picasso de todas las religiones. Volví a la página donde había encontrado la imagen y comencé a investigar de donde podría haber salido. Para mi desconsuelo descubrí en tan solo diez horas que se trataba de una imagen de libre uso proveniente de una base de datos pública de imágenes.
Para mi desconsuelo aquel trozo de pan dulce donde reposar para los restos era de dominio publico. ¡Eso nunca! Debía encontrarla y hacerla mía, debía dar con ella y decirle que quería morir entre sus cautivadores cachetes.
¿Pero cómo encontrar a la poseedora de aquel templo del amor? Me puse en contacto con varios administradores de varias webs hasta que uno me remitió a un fotógrafo aficionado que vivía en mi misma ciudad, quedé con él utilizando el viejo truco de hacerme pasar por una famosa top model internacional. Nunca falla, los hombres somos tan simples... maldita sea.
-Tu no eres una top-model que quiere un book fotográfico -fue lo primero que me dijo cuando nos encontramos dando unos pasos hacia detrás como si yo portase un arma.
-Chico listo. Ahora dime ¿a quien pertenece ese culo?
-¿De que culo hablas?
-El de las fotos, el culo mas maravilloso del mundo.
-Fotografío cientos de culos, es mi afición.
Mi afición es construir caballitos de mar con palillos usados que recojo en los suelos de los bares. Apunté mentalmente que debía cambiar de afición.
-Como ese culo no hay otro -dije sacando la fotografía de mi bolsillo que le planté frente a la cara.
-¿Doscientos cincuenta euros en llamadas a un teléfono erótico?
Aquí debo puntualizar que tengo la extraña costumbre de reutilizar las facturas como papel para mi vieja impresora. El culo estaba en el otro lado de la hoja, le di la vuelta. Olviden lo de el teléfono erótico.
-Ah, ella. Si, es una amiga.
-Quiero saber donde vive. Necesito conocerla.
-¿Cree usted que voy a dar la dirección de una amiga a alguien que esta obsesionado con su culo y se gasta trescientos euros en llamadas a un teléfono erótico?
-Fueron doscientos cincuenta euros y era por un trabajo de investigación.
-¿Es usted periodista?
-Esto... claro, por supuesto.
-¿Para que medio trabaja?
-Para "Negro y duro". Una revista de...
-Se que tipo de revista es "Negro y duro". Olvídeme, no le daré su dirección.
Olviden también lo de "Negro y duro", nada se de esa revista donde salen dioses de ébano mostrando sus magníficas herramientas.
Olviden también eso.
Entonces gaste mi último cartucho. El soborno. El fotógrafo miró las dos monedas de diez céntimos que acababa de depositar con disimulo frente a él. Por desgracia aquel tipo era ambicioso y tuve que subir a cincuenta euros para que me dijese donde vivía la propietaria de tan maravilloso ejercicio de trasera seducción.
Para doble desgracia ella vivía en una isla, demasiado lejos. Aunque gracias a Dios ella era piloto de aviación y de vez en cuando hacia la ruta hacia mi ciudad. Encontrar que vuelos pilotaba ella y cuando llegaría me costo dos semanas y demasiado dinero pero la sola idea de ver aquella maravilla trasera frente a mi era motivo mas que suficiente para cualquier sacrificio.
Me puse a dieta y adelgacé trescientos gramos. y preparado de esta guisa, una soleada tarde de Sábado me dirigí hacia el aeropuerto con un gran cartel con el nombre de la propietaria de la visión que todo hombre heterosexual querría tener en su retina antes de morir. Ella, la guardiana de la perfección en los cuartos traseros.
Al cabo de unas horas apareció mi Diosa vestida de piloto por una puerta. Impresionante mujer de mediana edad, rubia, con el pelo recogido y la gorra bajo el brazo, con un uniforme de piloto marcando sus impresionantes y perfectas curvas. Los labios gruesos y rojos, los ojos pequeños y sonrientes. Imposible no enamorarse de alguien como ella. Aunque yo ya estaba enamorado antes de conocerla. Maldije entre dientes que no hubiese salido caminando de espaldas. Necesitaba ver sus asentaderas con la misma ansia con que un niño desenvuelve un caramelo.
Al ver el cartel, mi Diosa se dirigió lentamente hacia mi.
-¿Me está esperando usted? -preguntó con una voz increíblemente modulada.
-Creo que llevo toda la vida esperándola.
-¿A que se refiere?
-Necesito ver su culo, tocarlo y morderlo para finalmente morir entre sus nalgas.
La sinceridad no siempre es el mejor aliado del amor. Al poco rato varios guardas de seguridad me echaban del aeropuerto y nunca la volví a ver. Tampoco a su culo, excepto porque tengo su foto ampliada y colgada del techo de mi habitación.
Si alguna vez les sucede lo mismo... aléjense. Ese culo es solamente mio. |